BODEGA LA VASIJA SECRETA – EL CAFAYATE

Recomendada visita a esta bodega de El CAFAYATE, donde recorrerás sus instalaciones junto a un guía que te mostrará los diferentes procesos de elaboración del vino, de ahora y de antes. La visita termina con una degustación de sus diferentes variedades de vinos que produce la Vasija Secreta.

LA ARQUITECTURA DE LAS BODEGAS DEL VALLE

Sin duda, mucho vino ha corrido por los lagares desde aquellas primeras bodegas familiares del siglo XVIII hasta las que vemos hoy en el Valle Calchaquí en un raro alarde de tecnología y tradición. A lo largo de ese tiempo, la arquitectura de las bodegas ha ido acompañando el proceso de evolución y crecimiento que experimentó la fabricación del vino.
La producción de vinos se hacía familiarmente junto con otras actividades de autoabastecimiento que se realizaban en los viejos cascos de estancias de paredes de adobe y techos de torta de barro.
La especial situación geográfica y climática de Cafayate facilitó la radicación y crecimiento de las bodegas en esta zona que dio lugar ala floreciente industria vitivinícola en la segunda mitad del siglo XIX, transformándose en un gran polo de desarrollo y generando un sinnúmero de construcciones al respecto.
En general, éstas mantienen el mismo partido introvertido de las viejas haciendas desarrolladas alrededor de un patio, el que suele cerrarse por uno de sus lados con el edificio de la bodega. Las galerías externas que se anteponen a la fachada le comunican una mayor transparencia y liviandad, marcada por las columnas de mampostería y las sombras profundas de las intercolumnas, modificando así ese aspecto macizo y cerrado que tenían las viejas construcciones del siglo XVIII.
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La industrialización y automatización hizo que los grandes tinajones de barro cocido para fermentar el mosto, fueran reemplazados muy pronto por lagares abiertos, construidos con piedra y cal e impermeabilizados interiormente por un revoque de cal y arena más una gruesa capa de brea. Estos lagares eran receptáculos rectangulares y se construían por sobre el nivel del suelo, lo que exigía la construcción de anchas escaleras de ladrillos para permitir el acceso de dos hombres llevando las tinas de 50 litros con el mosto.
Por encima de los lagares se disponía una serie de vigas paralelas de madera y una pasarela de tablones que permitía caminar sobre ellos para remover el mosto cada cierto tiempo y evitar que el orujo quede en la parte superior por acción del fermento. Los techos eran generalmente de una sola agua con tirantes de madera de álamo, cañizo, torta de barro y cubierta de tejas.
La vendimia se realizaba desde un mes antes hasta un mes después que lo normal. Así los racimos, enfriados en la noche, una vez transformados en mosto demoraban su fermentación, razón por la que muchas veces se debía dar un golpe de calor para inicial el proceso de fermentación. Para ello construían, por debajo de los lagares, cavidades abovedadas de ladrillos que atravesaban todo su ancho, en donde se encendía fuego.
A partir de aquí las bodegas perfeccionaron la tecnología de la fabricación del vino, pero con pocas variantes mantuvieron su arquitectura como símbolo de una tradición que ya ha ganado fama y prestigio.

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M.M.B.

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