COLORES – ABRA DEL ACAY

paul gauguin

COMENTARIO DEL CUADRO “Taperaa Mahana” de Paul Gauguin

Tengo que confesar que no he estado nunca en el “Hermitage Museum” a pesar de haber visitado San Petersburgo hace un par de años. Pero misteriosamente me encontré con el cuadro “Taperaa Mahana” de Paul Gauguin a miles de quilómetros de distancia de la ciudad rusa, incluso en el otro hemisferio.

No lo creerán, pero tardé tiempo en reconocer el cuadro pese a tener “la luna y seis peniques” de Somerset en la estantería de libros ya leídos y “Oviri” en VHS. Pero una vez llegó…, fue inconfundible.

Fíjense en el cuadro y admiren la técnica, tan solo maestros como Degas o Lautrec podían usar la “peinture a l’essence” con tanta armonía entre hombre y naturaleza. La proximidad en colores análogos creaba cuadros como éste, con una existencia y vitalidad interdependiente que copaba hilo a hilo el mismo lienzo.

Adviertan el trabajo realizado para conseguir esta profundidad y textura que te sumerge irremediablemente en la obra. Laboriosísima técnica imprimiendo múltiples capas en la misma hoja. Primero con lápiz de grafito y tinta negra para delinear, antes de pasar al crayón azul para reforzar líneas y agregar sombreado. Y hábil, completaba la imagen con una lavada en tinta de café.

El resultado es más vívido, llamativo y chillón que cualquier escena que hayamos visto hasta ese momento estando despiertos.

El francés, cautivó al público cuando explicó lo que sigue:

“Mis pinturas no dan una expresión directa de ninguna idea, sino que su único propósito es estimular la imaginación – como la música lo logra sin la ayuda de ideas o imágenes – simplemente con esa misteriosa afinidad que existe entre ciertos arreglos de colores y líneas en nuestras mentes”.

Brillante.

Sería mezquino por mi parte, terminar sin revelar al lector el lugar de tan vasta obra de arte, disponible para el mudo entero y alejada de galerías de multimillonarios rusos como Sergei Shchukin o Roman Abramovich.

Estén donde estén, créanme merece la pena, acérquense al paso precordillerano más alto de América, a 5000 m.s.n.m. y abran los ojos todo lo que puedan ante la imponente ABRA DEL ACAY.

Paul Gauguin estuvo aquí y no se lo contó a nadie.

 

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M.M.B.

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