Cruce del océano Atlántico a vela

“La búsqueda de un barco oceánico para cruzar el Atlántico a vela empezó enérgica, estábamos en el lugar adecuado, en pleno centro neurálgico de los barcos de recreo que toman Las Palmas de Gran Canaria como punto de partida y eso solo podría traer cosas buenas. Nos enteramos que la ARC – Atlantic Rally for Cruisers – es una regata oceánica que se celebra cada año y tiene la salida en las mismas Palmas de Gran Canaria, que por un afortunado casual era la ciudad donde vivíamos.

Esta singladura transcurre por la ruta de los alisios para que los participantes naveguen a través del trópico y crucen el atlántico con viento favorable. En ella suelen participar más de 200 yates, donde la presencia de marinos expertos en muchas embarcaciones es siempre una garantía para hacer la travesía más segura a los navegantes menos experimentados. El destino final, después de navegar unas 2.800 millas, es Rodney Bay en la isla volcánica de Santa Lucía, ubicada en la zona sur del Mar del Caribe. Parece ser que cientos de barcos de recreo se reúnen aquí para beneficiarse del tráfico de esta conocida regata a pesar de no inscribirse en ella y son estos, nuestros potenciales barcos de enrole para hacer de una soñadora conversación entre dos amigos, una realidad.

Contar brevemente al sagaz lector la importancia de los alisios en esta aventura y el por qué ceñirse a unos meses concretos de navegación. Es sencillo y se explica así:

Las condiciones de viento predominantes en todo el arco de las Antillas, provienen de la presencia durante gran parte del año de los vientos Alisios. Los famosos “Trade Winds” están en el origen de la climatología caribeña. Durante los meses de diciembre, enero, febrero, marzo y abril, estos alisios son muy constantes y predecibles tanto en su dirección del Este – Noreste, como en su intensidad en torno a unos cómodos 15 a 20 nudos. En alguna ocasión podremos encontrarnos con algún repentino y violento vendaval, que estremezca el casco del barco y a su tripulación durante algunas horas o tal vez días (nadie dijo que esto fuera fácil). Aunque poco usual, algunas temporadas invernales los alisios pueden casi desaparecer del todo, aunque lo más típico es que estos permanezcan constantes durante la temporada, siendo algo más fuertes durante le época de navidad desde finales de diciembre a mediados de enero.

Durante los meses de abril, mayo y junio los alisios se muestran más erráticos e impredecibles, siendo típicas las encalmadas del mes de mayo en las Antillas del norte, y con oscilaciones en su dirección desde el Noreste hasta el Sureste. Las encalmadas son temidas por los navegantes por la ausencia total de viento dejando al barco flotando sin una preciada brisa que hinche sus velas.

A partir de julio comienza la temporada de huracanes que debemos evitar, pues con cada vez mayor frecuencia hacen peligrosa la navegación por esta zona del planeta.

Mejor un dibujo:

 

Foto: www.fondear.org

 

El puerto de cualquier ciudad del mundo es el lugar donde atracan no solo barcos, sino vidas de personas con historias 100 veces más interesantes que las de un terrícola robotizado con un descanso para inspirar y otro para expirar. Y el puerto de las Rehoyas no era una excepción. Nos dimos cuenta en cuanto pisamos el muelle una tarde de cielo rojo con cirros y gaviotas dibujando una postal.

En un pequeño bar llamado “Sailor”, con un Gran Marlín y redes de pesca colgando en la fachada, se agolpaban personas de todas las edades, hablando varios idiomas y tomando cerveza en la terraza. Las paredes estaban escritas con dedicatorias en colores y decenas de anuncios y fotos inundaban dos tablones de corcho intitulados CREW y BOATS respectivamente.

¡Se podía encontrar cualquier cosa en aquel bar! Desde una pequeña motora, hasta un catamarán de 80 pies. Desde una pequeña ancla, hasta un mástil de 35 metros. Había armadores buscando tripulación y gente preparada buscando barcos. Currículos vitae con foto y tarjetas de contacto que se amontonaban unas encima de otras.

El Camarero nos vio colgar nuestro anuncio y con un ademán nos indicó que nos acercáramos.

– ¿De dónde sois? – Preguntó vistiendo un delantal que algún día fue blanco y un trapo en el hombro.

– De Barcelona

– Veo que queréis cruzar el atlántico este invierno. – Asentimos con la cabeza como dos gilipollas.

– Que envidia me dais, si yo tuviera 20 años menos… ¿Tenéis experiencia? ¿Habláis inglés? – Nos preguntó escrutándonos la mirada.

– La verdad es que no hemos navegado mucho, pero acabamos de hacer unos cursos en la casa del marino y nos defendemos bastante bien con el inglés.

– Habéis venido a buen lugar, aquí se reúnen todos los barcos de recreo con pretensiones de cruzar el charco. Llevo aquí muchos años y os aseguro que tenéis muy buen margen de tiempo por delante. Si no tenéis prisa, lo encontrareis seguro. No se os olvide anotar vuestro número de teléfono y el email en el anuncio y traed mañana otra hoja traducida al inglés para pegarla al lado.

(…)

Los días posteriores fueron geniales. Por la mañana, recién levantado, aun con legañas en los ojos, nadaba en Playa Chica con la marea baja y un fondo de viejas, erizos y estrellas. Imaginabas la mejor piscina natural del mundo y ahí estaba. Desayunaba una papaya con leche y cereales y arrancaba con la bicicleta de Sergio hasta el puerto.

(…)

Garloc hablaba español con acento francés, dominaba 4 idiomas, había cruzado el atlántico 8 veces y navegado por el Índico. En una ocasión en Egipto tuvo que vérselas con piratas árabes que le saquearon el barco entre dagas y turbantes. Siempre sonreía, vestía como un payaso de circo y calzaba un 46. Rubio, ojos saltones, tan delgado que parecía tener más costillas que cualquier otro mortal. Había vivido en Filipinas, Tailandia y Venezuela y estaba convencido de que las sirenas existían.

Pues bien, este extraño personaje acababa de comprarse un maltrecho velero en Francia y trataba de ponerlo al día para cruzar al caribe por quinta vez.

– Podéis venir conmigo si queréis, iremos un poco apretados, pero me vendrán bien dos compañeros fuertes en la travesía. Tengo pensado salir a finales de noviembre y hacer una parada en Cabo Verde de 4 o 5 días para conseguir un plotter/GPS de algún pescador e instalarlo. Aún tengo que reparar la caña del timón, y coser un par de velas.

– Garloc, no te arrepentirás, te vamos a ayudar a dejar el barco como salido del astillero.

Parece increíble la fuerza que puede llegar a tener un hombre que se propone firmemente algo. Que no sucumbe al tiempo ni al hastío y que un imprevisto lo afronta como si lo esperase. Hay veces que no se consigue el primer objetivo, pero si otro aún más tentador si cabe, que se ha encontrado por el camino.

El triunfador fue un fracasado que nunca se dio por vencido”, bien pues allá van estos dos fracasados, con un viaje de viento y olas entre trópicos, sin un duro en la cartera.”

 

Cruzar el Atlántico a vela

 

 

 

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M.M.B.

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