Estrecho de Magallanes – TIERRA DEL FUEGO

magallanes

Después de cruzar toda Argentina de norte a sur y recorrer más de 10000 km bordeando los Andes por la RUTA 40, hemos llegado al mítico Estrecho de Magallanes. Veinticinco minutos en barco nos separan de la isla de Tierra del Fuego, y casi cinco siglos de un momento en la historia crucial. Para entonces ocurrió algo parecido a esto:

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“20 de septiembre de 1519. La Armada de las Molucas abarrota un puerto de Sanluqueños ávidos con brillo en los ojos. Jamás antes permaneció vacía la plaza de abastos, la alcaicería o las góticas covachas. Sin embargo, hoy no es un día cualquiera, el recalcitrante Hernando de Magallanes parte con permiso de Carlos V y movido por el mito de la “Terra Australis Incógnita“, en busca de una nueva ruta por el oeste que facilite las vías de intercambio existentes con España y poder así acallar voces semejantes a la lengua de Camões.
El cielo de puro azul sin un minúsculo cirro a un día del equinoccio de otoño, junto con el viento Noreste que parece traído por el mismísimo Guadalquivir, procura una leve sonrisa en el rostro del capitán duro e inalterable. Las siluetas de los cinco navíos merman en el horizonte mientras sus rodas rompen olas sin delicadeza en rumbo fijo S 45 W.

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El exhausto bajel zozobra en cada embestida de un temporal que ya dura veintidós días. El Atlántico resta en popa desde hace seis. Lejos quedan ya las risas del encuentro con los apodados “patagones” y sus pies grandes. La tripulación agotada delira en cubierta, mientras manos curtidas de sal y agua azocan nudos y hacen firme a bitas cabos maltrechos por el sol y el salitre. El escorbuto aún no se ha instalado en las encías de los marinos, pero sí la incertidumbre y el miedo de su sino.
De pronto, en la cofa del mástil mayor del Trinidad, suena una campana. Hernando de Magallanes no cabe en su asombro cuando comprueba por la amura de babor, un seguido de hogueras que perfilan la costa sur del estrecho. En su inseparable cuaderno de bitácora que guarda junto a cartas firmadas por Francisco Serrão, queda registrado en tinta espesa el lugar avistado como LA TIERRA DEL FUEGO.

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Descubrimiento del Estrecho de Magallanes. Sir Oswald Walters Brierly [1817-1894]

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17 de marzo de 1521. Tras varios meses huyendo literalmente de la muerte navegando el Pacífico, las islas del Extremo Oriente aparecen como un elíseo flotante sujetado por brazos dorados de sirenas hermosas. Esas tierras les devuelven la vida y una mínima percepción de la hazaña conseguida. El cronista de a bordo, escribe ahora recordando mirándose las manos:
La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera… Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas… Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos.”

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La isla Mactán se presenta hostil. El día es gris y húmedo. Las brujas de Siquijor tan solo presagian desgracia. Cuarenta y ocho hombres armados con pistolas y ballestas combaten vehementes, dirigidos por un Hernando de Magallanes firme en tierra ajena. Los nativos son fuertes y sus rostros combativos aturden desde la distancia. Duchos con flechas y lanzas de bambú evitan el avance enemigo. Un venablo ponzoñoso lanzado a decenas de metros de distancia lleva un nombre escrito. El Capitán Hernando de Magallanes cae ante sus hombres que inician una retirada a la desesperada.

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Muerte de Magallanes. Isla de Mactán, Filipinas. A manos del jefe tribal Lapu-Lapu.

[…]

Movido por un impulso de compromiso y pundonor, Juan Sebastián Elcano, contramaestre de la nave Concepción hasta entonces, toma el mando de la expedición de regreso a bordo de la nao Victoria junto a 17 supervivientes.
Tras navegar como sombras por los mares portugueses hacia el oeste, atravesar el océano índico y bordear África por rutas conocidas para hacer aguadas, el 6 de septiembre de 1522 arriban al puerto que les vio partir. Realizan la primera circunnavegación del globo, una hazaña que cambiaría el mundo conocido hasta entonces.
El asaz jubiloso Antonio Pigafetta, escribe en uno de sus últimos folios:
Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 entramos en la bahía de San Lúcar… Desde que habíamos partido de la bahía de San Lúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo entero. El lunes 8 de septiembre largamos el ancla cerca del muelle de Sevilla, y descargamos toda nuestra artillería”.”

Aventuras y desventuras en el Mar de Balboa – M. M. B.

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Durante el resto del siglo XVI y principios del XIX, la influencia española fue absoluta. El Pacífico llegó a denominarse el “lago español” por tantas expediciones españolas que lo cruzaron y exploraron. Galeones españoles surcaron las aguas del Pacífico entre América y Filipinas con escala en Guam en las islas Marianas durante siglos y diferentes expediciones llegaron a las Carolinas y Palaos, que también formaron parte de la Capitanía General de Filipinas. Todo ello unido al dominio de la mayor parte del continente americano, convirtió a España en la principal potencia del Pacífico durante siglos.

 

Primera Circunnavegación del Mundo (Magallanes y Elcano).

 

 

 

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M.M.B.

6 Comments

  1. Me gustan mucho las fotografías y las reflexione de cada artículo. Te sigo desde el principio y quería felicitarte por la aventura lograda.

  2. Articulo digno de un gran navegante! Espero que sigas navegando por el Mar de Balboa. “Pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo…” la, la, la

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