Una puerta a lo indómito – PENÍNSULA VALDÉS

Por fin llegamos al destino fijado después de que en USHUAIA nos replanteáramos la ruta. Y viajar sin billete de vuelta ni reservas de hoteles tiene estas ventajas; la total libertad de cambiar de planes en el último minuto. Y créanme si les digo que mereció la pena, no olvidaré nunca PENINSULA VALDES.

peninsula valdes

Pocos lugares en el mundo ofrecen la posibilidad de observar en su ámbito natural tanta cantidad de animales. Tan destacable es la población faunística, que la Unesco declaró a este sitio Patrimonio de la Humanidad en 1999.

Para llegar a Peninsula Valdés toma la Ruta Provincial 2, desde la Ruta 3. Llegarás al itsmo “Carlos Ameghino” que conecta a la península con el continente, y donde el agua flanquea los dos costados del camino.

Tanto a la derecha como a la izquierda se puede ver la inmensidad azul del mar patagónico. De un lado, el Golfo Nuevo, y sobre el otro el Golfo San José.

Una vez allí, hazlo sencillo. Sencillo por ejemplo sentándote a observar. Observar una colonia de leones marinos a una distancia tal en la que hueles el harén; como te deja sin palabras el ladrido de un macho que defiende territorio; te fascina el instinto de una cría blanca que busca la leche materna; te encandilan las clases de nado entre madre e hija, dejando siempre a la pequeña en el lado más cercano a la orilla; observar que con paciencia te ceden parte de su espacio y permiten que casi las puedas tocar con las manos; como cavan con su aleta un agujero en la arena para buscar la humedad del agua y poder tumbarse; arrastran torpes un cuerpo que en el mar se vuelve ligero y rápido.

Sencillo es sentarse a observar… como cae el día en punta norte y tiñe el cielo violeta mientras la marea sube y las orcas acuden conocedoras de la pleamar; la garza bruja inmóbil casi de cartón, dibuja una silueta en la que la lente busca capturar un iris rojo y brillante; como los elefantes marinos a menos de tres metros de distancia despiertan en ti un sentimiento de grandeza indómita de más de 5 toneladas;

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Observar como una colonia de pingüinos magallánicos, rectos como soldados, mudan las plumas frente a una albúfera dibujada por arena fina y rodofíceas en la orilla; armadillos entre piernas y hollín en las nubes de cormoranes en línea.

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Sencillo es sentarse a observar… como se confunden los ñandúes entre el coirón; como escapan las martinetas de la presencia extraña y como corre el guanaco en la pampa magallánica. Observar el cielo incorruptible de una noche sin luna desde Punta Cantor y quedarse mudo ante el vuelo del gigantesco petrel antártico;

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Sencillo es sentarse a observar, … y esperar que te invada ese bienestar oculto entre orgullos adoctrinados.

 

Ser feliz en la contemplación serena, con la voluntad extinguida, sin la codicia y el afán del egoísmo, frío y gris de pies a cabeza, pero con ojos ebrios de luna.” – Friedrich Nietzsche

 

 

 

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M.M.B.

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